La Plenitud del Ser

Sembrando alegría

A lo largo de este camino he tenido muchos momentos de angustia, desesperación e intranquilidad, en estas ocasiones sentía que todo se confabulaba para que mantuviese el estado de desequilibrio. Pensaba que todo estaba dispuesto para que estuviese mal, nada salía bien, sin comprender que cada situación, emoción y pensamiento, procedían de mi misma. Nada ni nadie es responsable de como me siento, ni existe ninguna confabulación para que me sienta mal.

Por suerte las vivencias, los encuentros y las experiencias me han hecho comprender que nada se escapa mi creación. Hace tiempo que deje de echar balones fuera y asumí la responsabilidad de mis estados físicos, emocionales y mentales. Esta actitud tiene una gran recompensa, al ser consciente de este poder, puedo decidir que pensar, buscar pensamientos que me hagan sentirme mejor, incluso puedo decidir no hacer nada. Pero en cualquier caso sé que todo lo que obtengo, todo lo que viene a mi vida es producido por mi misma.

Suelo decir que si planto tomates no puedo pretender recoger manzanas. Por ello presto mucha atención a lo que planto en mi jardín, quiero estar totalmente consciente de lo que deseo recoger y no dejarlo al “azar” (por llamarlo de alguna forma, ya que el azar no existe).

Para estar consciente de lo que estoy sembrando solo me centro en lo que siento, si estoy sintiéndome bien… continuo plantando, pero si comienzo a sentirme incómoda… dejo la siembra, pues no deseo generar más incomodidad en mi vida, ni en la vida de los que me rodean, ya que cada situación vivida, no solo me afecta a mi, si no que repercute en los demás.

He observado que cuando estoy revuelta las personas con las que vivo y sobre todo mi pareja también lo están. Cuando él está mal miro hacia dentro e intento ver como estoy, generalmente también estoy mal, aunque no fuese consciente de ello. En las relaciones no hay separación entre los miembros de la pareja, lo que le pasa a uno le influye al otro, por que somos dos espejos que se auto reflejan.

Hoy mire hacia a fuera y vi paz, sentí armonía y lloré de alegría, la siembra está dando sus frutos, continuaré cuidándola, para recoger una magnífica cosecha.

Que tu siembra sea fructífera, atiende tu sembrado, abona bien el terreno, quita las malas yerbas, riégalo con agua limpia, acompaña todo de un poco de paciencia y amor y pronto verás brotar los frutos.

¡Buena siembra y mejor cosecha!

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