La Plenitud del Ser

Archivo para abril, 2011

Activemos el Timo

El Timo: la llave de la energía vital

En el centro del pecho, detrás del hueso donde la gente toca cuando dice ‘yo’, queda una pequeña glándula llamada TIMO. Su nombre en griego, ‘thýmos’, significa energía vital.

El Timo crece cuando estamos alegres y se encoje a la mitad cuando estamos estresados y aún más cuando nos enfermamos.

Esa característica confundió durante mucho tiempo a la medicina, que solo lo conocía a través de las autopsias y siempre lo encontraba achicado y encogido.

Se suponía que se atrofiaba y dejaba de trabajar en la adolescencia, tanto es que durante décadas los médicos americanos bombardeaban timos perfectamente saludables con altas dosis de rayos X, creyendo que su ‘tamaño anormal’ podría causar problemas.

Más tarde la ciencia demostró que, así mismo encogiéndose después de la infancia, el sigue siendo activo; es uno de los pilares de nuestro sistema inmunológico, junto con las glándulas adrenales y la espina dorsal y está directamente conectado a los sentidos, la conciencia y el lenguaje.

Como una central de teléfonos por donde pasan todas las llamadas, hace conexiones para afuera y para adentro.

Si somos invadidos por microbios o toxinas, reacciona inmediatamente produciendo células de defensa.

Pero también es muy sensible a imágenes, colores, luces, olores, sabores, gestos, toques, sonidos, palabras y pensamientos. .

Amor y odio lo afectan profundamente.

Pensamientos negativos tienen más poder sobre él que los virus y bacterias.

Como esa actitud negativa no existe en forma concreta, el timo intenta reaccionar y se debilita, luchando contra un invasor desconocido y abre espacios para síntomas de baja inmunidad, como los herpes.

La compensación y los pensamientos positivos consiguen activar todos sus poderes, recordando que la fe remueve montañas.

Un test del pensamiento

Este simple test puede demostrar esa conexión.

Cierra los dedos pulgar e índice en la posición de ‘ok’, apriete con fuerza y pida a alguien para intentar abrirlos en cuanto piensa ‘estoy feliz’.

Después repita pensando ‘ estoy infeliz’.

La mayoría de las personas conserva la fuerza en los dedos con el pensamiento feliz y se debilita cuando piensa que está infeliz. 
(Sustituya los pensamientos por un delicioso helado de chocolate, una torta de coco, rellena con crema, para ver que sucede…)

Ese mismo test sirve para diagnosticar situaciones bastante más complejas.

Por ejemplo, el médico necesita un diagnóstico diferencial, su paciente tiene síntomas en el hígado que tanto pueden significar cáncer como abscesos por amebas.

Usando láminas con muestras o representaciones gráficas de una u otra hipótesis, testea la fuerza muscular del paciente estando en contacto con ellas y llega al resultado deseado.

Las reacciones son consideradas respuestas del timo y el método, que ha sido demostrado en congresos científicos alrededor del mundo, ya es enseñado en la Universidad de Sao Paulo (Brasil) y a médicos acupunturistas.

El detalle curioso es que el timo queda bien pegado al corazón que se acaba ganando todos los créditos con relación a sentimientos, emociones, decisiones, manera de hablar, de escuchar, estado de espíritu, etc…’

‘Estoy con el corazón apretado’, por ejemplo, revela una situación real del timo que solo por reflejo envuelve el corazón en el problema.

El propio chakra cardíaco, fuente energética de unión y compasión, tiene más a ver con el timo que con el corazón y es en ese chakra que, según las enseñanzas budistas, que se da el pasaje del estado animal al estado humano.

Se puede ejercitar el timo para aumentar la producción de bienestar y felicidad.

Por la mañana, al levantarte o por la noche antes de acostarte:

a)  De pie, las rodillas ligeramente dobladas, (la distancia entre los pies debe ser la misma de los hombros). Pon el peso del cuerpo sobre los dedos y no sobre el talón y mantén toda la musculatura bien relajada.

b) -Cierra cualquier de las manos y comienza a dar golpecitos continuados con los nudillos de los dedos en el centro del pecho, marcando el ritmo así: una fuerte y dos débiles. Siga haciéndolo entre 3 y 5 minutos, respirando tranquilamente, mientras observas la vibración producida en toda la región torácica. (Yo hago 20 toques por la mañana y 20 toques por la noche).

El ejercicio estará atrayendo la sangre y la energía para el timo, haciéndolo crecer en vitalidad y beneficiando también los pulmones, corazón, bronquios y garganta. O sea, llenando el pecho de algo que ya era tuyo y solo estaba aguardando una mirada de reconocimiento para transformarse en coraje, calma, nutrición emocional, abrazo…

Que tengas una buena activación.


 

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Las claves del amor incondicional de los Indios Hopy

CLAVES DEL AMOR INCONDICIONAL DE LOS INDIOS HOPY

Eres único, diferente de todos los otros.
Sin reserva ni duda, permito que estés en el mundo como eres, sin un pensamiento o palabra de juicio…
No veo error alguno en las cosas que puedas decir, ni hacer, sentir y creer porque entiendo que te estás honrando a ti mismo al ser y hacer lo que es verdad para ti.
No puedo recorrer la vida con tus ojos ni verla a través de tu corazón.
No he estado donde tu has estado ni experimentado lo que has experimentado, viendo la vida desde tu perspectiva única.
Te aprecio exactamente como eres, siendo tu propia y singular chispa de la Conciencia Infinita, buscando encontrar tu propia forma individual de relacionarte con el mundo.
Sin reserva ni duda, te permito cada elección para que aprendas de la forma que te parezca apropiada.
Es vital que seas tu propia persona y no alguien que yo u otros piensen que “deberías” ser.
En la medida de mi capacidad, sin denigrarme o ponerme en un compromiso, te apoyaré en eso.
No puedo saber lo que es lo mejor para ti, lo que es verdad para ti o lo que necesitas, porque no sé lo que has elegido aprender, cómo has elegido aprenderlo, con quien o en qué periodo de tiempo.
Solo tu puedes sentir tu excitación interna y escuchar tu voz interna – yo sólo tengo la mía.
Reconozco que, aunque sean diferentes entre si, todas las maneras de percibir y experimentar las diferentes facetas de nuestro mundo, todas son válidas.
Sin reserva ni duda admito las elecciones que hagas en cada momento.
No emito juicio sobre esto porque es imprescindible que honre tu derecho a tu evolución individual, porque esto da poder a ese derecho para mí y para todos los otros.
A aquellos que elegirían un camino que no puedo andar o que no andaría, y aunque puede que elija no añadir mi poder y mi energía a ese camino, nunca te negaré el regalo de amor que Dios me ha concedido para toda la creación.
Como te amo, así seré amado. Como siembre, recogeré.
Sin reserva ni duda, te permito el derecho universal de libre albedrío para andar tu propio camino, creando etapas o manteniéndote quieto cuando sientas que es apropiado para ti.
No puedo ver siempre el cuadro más grande del Orden Divino y así no emitiré juicio sobre si tus pasos son grandes o pequeños, ligeros o pesados o conduzcan hacia arriba o hacia abajo, porque esto sólo sería mi punto de vista.
Aunque vea que no haces nada y juzgue que esto es indigno, yo reconozco que puede que seas el que traiga una gran sanación al permanecer en calma, bendecido por la Luz de Dios.
Porque es el derecho inalienable de toda vida elegir su propia evolución, y sin reserva ni duda reconozco tu derecho a determinar tu propio futuro.
Con humildad, me postro ante la comprensión de que el camino que veo es mejor para mi no significa que sea también correcto para ti, que lo que yo creo no es necesariamente verdad para ti.
Sé que eres guiado como yo lo soy, siguiendo tu entusiasmo interno por conocer tu propio camino.
Sé que las muchas razas, religiones, costumbres, nacionalidades y creencias en nuestro mundo nos traen una gran riqueza y nos procuran los beneficios y enseñanzas de tal diversidad.
Sé que cada uno de nosotros aprende en nuestra manera única para devolver ese amor y sabiduría al TODO.
Entiendo que si sólo hubiese una forma de hacer algo, sólo necesitaría haber una persona.
Apreciaré tu luz interna única te comportes o no dé la manera en la que considero que deberías, aunque creas en cosas que yo no creo.
Entiendo que eres verdaderamente mi hermano y mi hermana, aunque puede que hayas nacido en un lugar diferente y creas en diferentes ideales.
El amor que siento es por absolutamente todo lo que ES.
Sé que cada cosa viva es una parte de una conciencia y siento un amor profundo por cada persona, animal, árbol, piedra y flor, por cada pájaro, río y océano y por todo lo que es en el mundo.
Vivo mi vida en servicio amoroso, siendo el mejor yo que pueda, haciéndome más sabia en la perfección de la Verdad Divina, haciéndome más feliz, más sana, y cada vez más abundante y gozosa.
Aunque a lo largo del camino puede que me gustes, sienta indiferencia por ti, o me disgustes, no voy a dejar de amarte, de honrar tu singularidad y de permitirte ser tu.
Esta es la llave de la paz y armonía en nuestras vidas y en nuestra Tierra porque es la piedra central del Amor Incondicional.

 

El milagro de curarnos

El MILAGRO DE CURARNOS


En algún momento de nuestra vida, quizás no todos, pero sí la mayoría, sufrimos una enfermedad. El concepto que tenemos sobre ella no es un pensamiento más. Es una creencia, la de estar poseídos por una fuerza que no nos pertenece y que nos ataca. Si bien esta creencia es universal, no todos la vivimos de la misma forma. En occidente, ha sido reforzada por la presencia de un sistema médico que ha obtenido un gran poder que lo ha legalizado colectivamente.
Podemos decir que la enfermedad es un invento. Como la luz eléctrica. La luz siempre existió pero lo que hizo el hombre fue poder manejarla y eso le dio poder. El malestar orgánico o emocional siempre existió pero lo que hizo la medicina fue clasificarlo y eso le dio poder. La creencia sobre la enfermedad no solo es la de una fuerza que nos ataca sino que a partir de esa clasificación, es la de una fuerza que un grupo de personas (los científicos-médicos) puede dominar. O por lo menos ostenta un saber sobre ella y puede ejercer influencia sobre su evolución. Esta influencia ha crecido desproporcionadamente en relación al saber. Actualmente las llamadas enfermedades son desmesuradamente influenciadas por la acción médica sin que haya un saber que sustente lógicamente esa influencia. Se actúa sobre ellas sabiendo muy poco sobre el origen de la enfermedad y mucho menos sobre el sentido de la misma.
Pensemos en un simple resfriado. Se atribuye a un virus pero no se lo combate a él sino al resfriado. Se lo trata de abortar. Se usan antihistamínicos para que las secreciones disminuyan y muchas veces antibióticos porque se habla de alergias bacterianas o complicaciones infecciosas imposibles de comprobar. Esta metodología que influencia el curso de la enfermedad se basa en la misma teoría que sostiene que el sol gira alrededor de la tierra; la observación superficial de un fenómeno sin preguntar nada sobre las características del objeto sobre el cual el fenómeno actúa. Si la física dependiera de los médicos, hoy seguiríamos creyendo que a la mañana el sol está en el este porque a la tarde giró alrededor nuestro.
Pensemos en un tumor. Un pedazo de carne que sobra. Los métodos médicos que influencian su destino se basan en la misma teoría de observación superficial y de ausencia de preguntas sobre las características del sujeto enfermo. El pedazo de carne está de más y hay que eliminarlo. Si no se puede con cirugía, se arrasa con drogas o radiaciones. Los físicos no manejan la medicina y los médicos terminan por creer que una resonancia magnética es una observación profunda. Se sigue observando el fenómeno y no la naturaleza ni el sentido del fenómeno.
Ahora hay dos creencias:
  • el malestar es una fuerza que viene de afuera
  • se puede influenciar sobre esa fuerza con un saber que se llama científico.
Volvamos al resfriado. Pensemos que quizás no es un virus el que lo produce (la fuerza externa) sino que es una de las formas que tiene el organismo de descargarse de una tensión que lleva demasiado tiempo acumulada. No hay fuerza externa. Los virus ya estaban y uno no se contagia de nadie sino que son ellos los que comandan esta forma de descargarse. Esto no significa que no haya virus extraños al organismo y éste intente rechazarlos porque no los reconoce. Los virus son cadenas de información y si traen una información extraña e irreconocible, el organismo se niega a aceptarla y se produce el rechazo de la misma. Pero esto no es lo que ocurre en un resfriado común. Allí hay problemas territoriales y las mucosas se inflaman para obstruir la nariz y no respirar el mismo aire que el enemigo. Los bronquios expulsan moco para escupir al invasor. Los músculos duelen para retirarse de la lucha. Y allí los virus son excelentes colaboradores para generar este estado inflamatorio que si bien es molesto, logra que el ser vivo se aísle y recupere su bienestar. La medicina en lugar de entender esto, ataca los síntomas para que el sujeto vuelva a la cadena de producción lo más pronto posible. Los médicos se comportan como aliados de un poder que exige productividad sin interesarse por la verdadera recuperación del cuerpo enfermo. El paradigma del agente externo como causa siempre presente de la enfermedad sirve a los mismos fines. Si hay un agente externo debe haber un poder que lo pueda combatir. Y ese poder es la científica medicina.
Quizás si esto hubiera quedado allí, tendríamos esperanzas de salir de esa trampa. Pero lamentablemente, la influencia de la acción médica sin un saber lógico que la sustente, generó tantos nuevos saberes vacíos, que estamos atrapados en una red que se retroalimenta de otras disciplinas y de otros saberes. La religión, la filosofía, la psicología, aportan nuevos saberes a esta interminable creencia de la enfermedad como fuerza externa y a la existencia de un grupo que tiene un saber sobre ella.
Escuchamos conceptos que parecen valiosos:
  • Debemos aceptar la enfermedad si vamos a luchar contra ella.
  • La enfermedad es poderosa pero más poderosa es la salud.
  • La salud es el silencio de los órganos.
  • La enfermedad es un mal que debemos saber combatir.
¿Quién podría negar el valor de esas frases?.
Sin embargo, no sirven de nada. Son saberes que se basan en una creencia vacía. Y no porque no se pueda defender esa creencia. Sino porque ya no sirve más. En este contexto, nos han quitado la libertad de elegir.
En la historia de la humanidad, siempre hubo bandos, romanos y griegos, árabes y españoles, buenos y malos, perversos y normales, nazis y judíos. El ser humano podía optar, aún cuando esa opción fuera equivocada. Ahora es imposible elegir ya que se trata de nosotros o los virus, enemigos invisibles que destruyen a todos, sin excepción. Las organizaciones mundiales encargadas de la salud avisan que futuras pandemias son inevitables y elaboran mapas con colores cada vez más intensos y tenebrosos. La humanidad toda enfrenta al enemigo invisible y no hay opción.
Por primera vez, en cientos de años, se está tomando conciencia que no es la tierra la que está en peligro sino esta especie que se ha creído excepcional y que ahora viene a enterarse que su desaparición es posible. La génesis de Adán y Eva ya no calma los temores de una especie que ha inventado el concepto de enfermedad y ahora el concepto en sí mismo la está arrasando. La fuerza externa que nos viene a destruir supera ampliamente el saber autorizado del grupo de personas que la combate. El concepto se escapó de las manos y tiene vida propia. La gente ya no se muere de la enfermedad sino del miedo que el concepto inventado le genera. El miedo no da tiempo a que la enfermedad actúe y nos mate ya que crea por sí mismo una realidad mortal.
Así lo relata el cuento sufí:
“Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta:
– ¿Quién eres?.
La sombra le contesta:
– Soy la peste.
– ¿Adonde te diriges?:
– A matar mil personas de ese poblado.
– Bueno, ve y mata.
A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta:
– ¿De donde vienes?
– Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas.
– Bueno, ve y huye.
A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene y le dice:
– Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías a mil personas y has matado a treinta mil, ¿porqué?
– La peste le responde:
– No es cierto, yo solo maté mil personas, el resto murió de miedo.”
Como médico he presenciado muchas veces el fenómeno de una persona que en pleno estado de salud y por hallazgos casuales (pruebas de rutina o un médico demasiado inquisidor) ha sido diagnosticada de un tumor en hígado, pulmón o mama. A los pocos días de ese hallazgo, el estado de salud había empeorado dramáticamente. He visto a algunas personas morir en poco tiempo después de recibir el diagnóstico. Eso es miedo, no es cáncer. Este es el concepto que se le ha escapado de las manos al grupo de científicos que ostenta el supuesto saber de la enfermedad. Y este concepto se ha desbordado y ha creado una realidad autónoma entre otras cosas, porque se ha colectivizado. Se ha vuelto un saber popular.
¿Quien no ha escuchado alguna de las siguientes frases?:
  • El cáncer de páncreas, cuando te lo diagnostican ya es demasiado tarde;
  • la quimioterapia te mata las células malas pero también las buenas;
  • yo sé que me voy a morir, lo que no quiero es sufrir;
  • nunca conocí a nadie que se salvara;
  • la enfermedad avanza, hay que hacer algo… y tantas otras.
El saber colectivo sobre la enfermedad no se diferencia mucho del saber de los médicos, muchos de los cuales jamás se harían (y lo dicen públicamente) el tratamiento que le indican a los pacientes.
Actualmente se escuchan muchas voces que cuestionan este concepto de la enfermedad pero la mayor parte de las veces son ignoradas, reprimidas o tergiversadas. Es en este contexto que debemos dejar de pensar en nuevos instrumentos contra la enfermedad para comenzar a pensar en un nuevo concepto de la enfermedad. Se gastan miles de millones de dólares en investigar y producir drogas cada vez más nocivas para la salud de la humanidad y no cesan de aparecer variantes de la misma enfermedad que no responden a esas drogas o las llamadas nuevas enfermedades sobre las que ni siquiera se tiene alguna droga con la que experimentar.
La ciencia se nota perdida y actúa sin lógica. Solo intenta sacarse de encima un problema inmediato sin pensar en las implicancia futuras de su proceder. No interactúa con el resto de la sociedad que mira azorada la injusticia del poder del que participa. El gobierno que invierte doscientos mil millones de dólares anuales en productos farmacéuticos es el mismo que gasta tres millones de dólares por minuto en armas, mientras deja morir quince niños de hambre en esa misma cantidad de tiempo. La ciencia médica usa el mismo presupuesto manchado de sangre e injusticia. Y en esa confusión trata a los virus con la misma filosofía del gobierno que la sustenta: usa armas mortales. Es justamente ese nuevo concepto de la enfermedad, el que nos va a permitir salir del atolladero en el que el viejo concepto nos ha metido. Si luchamos contra la enfermedad, luchamos contra el mensaje que pretende curarnos.
Cuando una mujer se nota un bulto en la mama, debe parar toda actividad y preguntarse qué le viene a decir ese bulto. Y si no lo sabe, debe recurrir a alguien que la ayude a interpretar ese mensaje. No debe salir corriendo en busca de ese personaje que detenta un saber sobre la enfermedad porque eso la cristaliza en el viejo concepto. Y a partir de allí, solo puede esperar que se instale una guerra en su cuerpo. Y el bulto no vino a declarar la guerra sino a evitarla. Y no es que no debe hacer nada o curarse psicológicamente. Debe instalar la paz en su vida porque el bulto así se lo está exigiendo. Y eso no es poco pero es mucho más de lo que la medicina pretende con su viejo concepto de instalar una guerra entre el cuerpo de esa mujer y el cuerpo de esa mujer.
Los poseedores del saber sobre la enfermedad se escandalizarán ante semejante propuesta. -¡No hay tiempo que perder!; ¡Si no actuamos ahora, su vida corre peligro!- Y comenzarán a citar estadísticas no solo fraudulentas sino aterradoras. Algunos optarán por hablar de los adelantos de la ciencia y nos citarán con absoluta seriedad, los anticuerpos monoclonales, los hibridomas y la fusión entre los linfocitos B y los tumores. Suenan orgullosos de saber tanto. Y es un saber vacío porque es eficaz contra el único mensaje que pretende curarnos. Pero además es un saber corrupto, montado en la sangre de millones de seres humanos, que en lugar de salvar sus vidas, la pierden definitivamente.
No es una lucha entre los que saben y los que no sabemos. Es una lucha entre dos conceptos; el de una humanidad que se destruye a sí misma y el de una humanidad que pretende sobrevivir.
La mujer del bulto en la mama deberá elegir y optar por quimioterapia, radioterapia y cirugía y así seguir avivando el viejo concepto que nos está destruyendo o podrá hacer un verdadero cambio en su vida y dejar de sufrir por su hija que la ignora o por su esposo al que no ama. En ese cambio, habrá entendido el mensaje de ese bulto que viene a decirle: -¡No pongas más el pecho!; ¡Deja de ser madre y acepta ser mujer!; ¡Libérate de ese hombre al que no amas!-, -¿Pero quien me da las garantías de que el bulto no crecerá o que sus células se irán a mi cerebro o a mis huesos?-, dirá la mujer, envuelta en las informaciones científicas pero a la vez en la realidad de conocer a tanta gente que sigue ese camino. -Nadie- se le responde, -absolutamente nadie-.
Desde el viejo concepto (la enfermedad como fuerza que nos destruye), se le citarán estadísticas sobre lo que le podría pasar si no hace lo que el grupo que sabe le dice que haga. Desde el nuevo concepto (la enfermedad como mensaje para sobrevivir), se le pedirá confianza en que si hace los cambios que debe hacer, se curará. No parece ser muy interesante la opción.
Es así que la mayor parte de la gente opta por intentar hacer las dos cosas o parte de ellas o casi ninguna de ellas. O lo que sucede con frecuencia, opta por el viejo concepto y cuando ya no obtiene respuesta de él, se vuelca al nuevo concepto. ¡Cuánto miedo!
Filosóficamente, cualquiera de estas opciones viola uno de los principios en los que se funda la realidad, el de la no contradicción: -Una cosa no puede ser y no ser a la vez-. Llamativamente, buena parte de los médicos del viejo concepto están apoyando estas opciones como si con ello colaboraran con la salud del paciente. Sin embargo, esa es la realidad.
El psicoterapeuta Mario Litmanovich dice claramente -¡Necesitamos médicos sin miedo!; esa es la única manera de salir del atolladero-. Creo también que necesitamos pacientes sin miedo.
Es desde este lugar que proponemos el milagro de la curación. Milagro viene del latín y su origen es asombrarse. Curación proviene de cuidado. De eso se trata. El asombro de cuidarnos. De protegernos, de no quedarnos solos y sentir miedo. Allí aparece el asombro.
Todos estamos entrelazados y somos la humanidad. No somos el paciente enfermo. Somos la humanidad enferma. Y entonces aparece el cuidado. La necesidad de tratarnos comos almas, no como cáscaras.
El médico alemán Hamer repetía en sus seminarios una presentación que siempre culminaba con un frase: -Necesitamos médicos de manos calientes que hagan de la medicina un acto sagrado-. Allí estaba el centro de su propuesta. Sagrado siempre es citado como originado en sacrificar pero el sacre es un ave de rapiña. Y así se llamaba al halcón en épocas antiguas. Un ave sagrada cuyas uñas retorcidas le permiten sobrevivir hasta que madura y se vuelven inútiles. Allí debe tomar la decisión de arrancárselas con el pico si pretende sobrevivir. Si lo hace, vive una nueva vida, una nueva oportunidad de ser joven y sagrado.
El milagro de curarnos es eso. Volver a nacer fuera de nuestros roles y percibirnos como almas que se relacionan con almas. Dejar de ser hijos, esposos, madres, padres, médicos, abogados, exitosos, fracasados o perversos. Y renacer como almas con cuerpos que son usados, no descuidados.
Para ello, estamos acá. No para descubrir vacunas sino para tomar conciencia. De lo que somos y hacia donde vamos.
Dr. Fernando Callejón

La Resiliencia

LA RESILIENCIA
¿Por qué a unas personas les va bien a pesar de lo que les pase?

Puede ser que ya conozcas historias como estas: niños que a pesar de grandes dificultades se convirtieron en adultos exitosos, pero ¿sabes cómo lo lograron?

Boris Cirulnik  fué el niño de apenas 6 años que perdió a su familia en los campos de concentración, pero que logró escapar del arresto nazi para convertirse en un renombrado psiquiatra, cuyo mensaje es queel amor puede curar vidas destrozadas.

El joven chino Liu Wei  perdió ambos brazos a los 10 años, pero llegó a convertirse en el pianista que hoy conmueve a todos.

Nickc Vujicik nació sin piernas ni brazos, se ha graduado de la universidad, fundó una organización para las personas con discapacidad física, hoy viaja por todo el mundo con la misión de inspirar a la gente.

¿Cómo han logrado salir adelante?

La resiliencia es la habilidad de moverse a través de la adversidad y emerger entero y triunfante.

Las personas que son resilientes aceptan lo que ha sucedido, pero se resisten a definirse a sí mismos por lo que pasó.
La Resiliencia actúa en  el niño que ha vivido en un hogar abusivo y disfuncional, y logra graduarse en colegio con el mejor promedio; en el hombre discapacitado que se convierte en escritor y artista. Estas son personas comunes que se enfrentan a circunstancias extraordinarias, y encuentran dentro de sí mismos la capacidad de prevalecer.
La Resiliencia no es un sentimiento de optimismo falso, o pensar que todo siempre saldrá bien. Es sobre ser realista acerca de lo que pasa, experimentar sentimientos intensos y aún así no darse por vencido.
La Resiliencia es comprometerse con la vida. Involucra ser auténticos con nuestra experiencia para llegar hasta el otro lado, antes que dar vueltas sobre lo mismo, deseando que desaparezca.
Es común, aprehensible y disponible para todos nosotros.

La esencia de la resiliencia es… “No sentirse una víctima”

¿Cómo ser resiliente?

La respuesta más corta es: “no te identifiques a tí mismo como una víctima”
La gente resiliente entiende que cualquier cosa puede pasar. Ellos saben que el mundo no es justo y que cosas difíciles pueden pasarle aún a la gente más buena o maravillosa. Ellos sienten sus reacciones emocionales, luego buscan una forma de levantarse a sí mismos y siguen adelante. Puede llevarles un tiempo largo y avanzar a pasos pequeños, pero cada pequeño movimiento que hacen es hacia vivir, no sólo existir.

Ser resiliente significa entender que no podemos controlar lo que nos sucede, pero podemos controlar como nos relacionamos con lo que sucede.


Nosotros podemos elegir. Podemos dejarnos llevar por los eventos trágicos de nuestras vidas, dejando que tiñan nuestra vision de nosotros mismos y del mundo, o podemos prosperar.
La buena noticia es que el sentimiento de ser víctimas es perpetuado por las historias que nos contamos a nosotros mismos. ¿Por qué esto es una buena noticia? Porque ser una víctima no es inherente a los eventos que nos acontecen, es una elección que hacemos mediante los pensamientos en los que ponemos nuestra atención.
Prestar atención a un pensamiento es como darle fertilizante a una planta (de lo que nos alimentamos, es lo que se convierte en nuestra realidad).
¿De qué te estás alimentando con tus pensamientos y con tu atención?

Descubre tu resiliencia interior:

Estudios sobre personas resilientes revelaron un número de cualidades que animan a prosperar y crecer, sin importar que circunstancias ocurran:

  • Relaciones fuertes con personas que animan, apoyan, y dan confianza.
  • Permitirse experimentar sentimientos fuertes (miedo, ira, pena) sin evitarlos.
  • Habilidad para hacer un plan y llevarlo a cabo.
  • Confianza. Una actitud de “yo puedo” en vez de “yo no puedo”, confiando en las habilidades de uno mismo.
  • Capacidad para aprender de las experiencias de la vida. Las personas que salen de circunstancias desafiantes a menudo informan de haber tenido una revelación (por ejemplo, tener una gran claridad acerca de la vida y apreciacion por los seres queridos). Ellos están agradecidos de lo que la experiencia ha traido a sus vidas.
  • Auto cuidado. La gente resiliente estan atentos a sus propias necesidades. Ellos cuidan de sí mismos y buscan ayuda cuando la necesitan.
Gente común, como tu, son capaces de moverse y florecer en sus vidas a pesar de las tremendas dificultades.
Somos  afortunados de tener la oportunidad, en cada momento, de elegir en la vida.

Y tú… ¿eres resiliente?

¿Has aprendido a lidiar con las circunstancias difíciles de la vida?

La transformación planetaria

¿Somos conscientes de la transformación profunda que está sucediendo en el planeta y de cómo nos afecta a todos?

Ser consciente de ello implica saber que el ‘Calentamiento Global’ no es algo únicamente causado por los humanos, como algunos quieren hacernos creer, sino más bien es algo mucho más importante que está ocurriendo en el resto de Planetas del Sistema Solar y en el resto de la Galaxia.

En la transformación planetaria coexisten diversos factores, entre ellos podemos enumerar los siguientes:

  • la manipulación humana del clima meteorológico como arma de guerra y control mental a través de tecnologías como HAARP;
  • la destrucción, la contaminación de ríos, los mares, los océanos, la vegetación, el aire y la atmósfera, así como la vida de cada uno de los ecosistemas;
  • la amenaza nuclear, no sólo por las bombas, sino también por las centrales nucleares, los residuos que éstas generan, así como el armamento utilizado desde el 93 con uranio empobrecido (radiactivo);
  • los cambios estructurales que están teniendo lugar en el resto de planetas de nuestro Sistema Solar, que no es exclusivo al Planeta Tierra, ya que  Marte también está sufriendo calentamiento global;
  • la hipótesis de un cambio en los polos magnéticos de la Tierra que conlleva grandes cambios planetarios;
  • una nueva era de hielo o glacial en parte de la Tierra debido a los cambios planetarios;
  • los efectos que están produciendo sobre la Tierra, la precesión de los equinoccios y el cinturón fotónico en el que esta entrando el Sistema Solar al alinearse éste con el centro de la Galaxia y a través del cual está llegando gran cantidad de rayos cósmicos y energía de alta vibración que está afectando a toda la vida en nuestro Sistema Solar. Entre otras cosas está afectando a nuestro ADN y en consecuencia a nuestra consciencia, hecho que está marcando la entrada en la Era de Acuario;
  • según las profecías Mayas, el 21 de diciembre del 2012, es el fin de su calendario o el fin del tiempo. Esta fecha no solo coincide con la tradición Maya, sino también con otras tradiciones antiguas como la China, la Budista, la Hebrea, la Cristiana, etc. Es el fin de un gran ciclo astronómico de 26.000 años (precesión de los equinoccios) el año Platónico o Galáctico, y a partir de entonces, la humanidad entrará en un nuevo amanecer, la Era de Acuario.
  • se baraja también la hipótesis de los efectos devastadores para nuestra era electrónica, en inglés se denomina ‘coronal mass ejection’, es un tsunami magnético proveniente del Sol. Nuestro Sol ha entrado, en enero, en su ciclo número 24 y se predice que para el 2012 la actividad será máxima, afectando gravemente a la tierra si se produce semejante tsunami. También podría afectar a los polos magnéticos de la Tierra. Ésta es una de las razones por las cuales el “gobierno en la sombra” lleva construyendo bases y ciudades bajo tierra desde hace más de 50 años.
  • la conciencia individual, parte de una conciencia colectiva, juega un papel crucial en los próximos años, por eso es fundamental el despertar de conciencias para crear una nueva realidad desde nuestra mente y reconducir los eventos hacia una transición más armoniosa.

Muchas cosas están ocurriendo y depende en gran medida de nuestra conciencia, visión y proyección de un futuro mejor para la humanidad, pero para ello es curial que nos hagamos RESPONSABLES DE NUESTRAS VIDAS y nos impliquemos activamente en la transformación de nuestra civilización.

¡TENEMOS QUE DESPERTAR, HA LLEGADO LA HORA!

Autor desconocido, discierne cualquier información que te llegue, nadie esta en posesión de la verdad absoluta, simplemente es una opinión más.

 

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