La Plenitud del Ser

Todo es perfecto tal como sucede

El domingo día 2 de enero, elegí tomar un autobús para ir al centro de la ciudad, cosa poco usual en mi, podría haber ido caminando como siempre, ya que la distancia a recorrer es tan solo de 20 minutos a paso medio, pero no, esa tarde no tenía ganas de andar, estaba alegre, feliz y decidí jugar a crear la realidad, así es que  antes de llegar a la calle por donde pasa el autobús, empece a pensar: “al llegar a la parada estará el autobús esperándome“, y así fue, al girar  la calle ¡allí estaba el autobús!, parado,  esperándome, ¡¡supongo!!. Me acerqué, el conductor abrió la puerta, era un hombre joven, que me recibió con una sonrisa, aboné el importe y me senté en el primer asiento pues iniciaba la marcha.

Cuando me senté le dije al conductor que gracias por esperarme, le hablé de lo que iba pensando y me preguntó si yo conocía los horarios, a lo que le respondí que no, realmente no tengo ni idea de las horas porque no tomo casi nunca el autobús, los dos nos reímos del comentario. Al llegar a la avenida giro a la derecha, para mi sorpresa no continuó por el camino habitual,  ¡me había equivocado de autobús!, le pregunté para donde iba y me dijo que al hospital, ¡¡¡en sentido opuesto a mi destino!!! ni por asomo me acercaba a donde quería ir, así es que decidí disfrutar del paseo. Me dio risa ver lo despistada que puedo llegar a ser. Al llegar al hospital nos quedamos solos en el autobús, no subió nadie en ninguna parada, lo que facilito que entabláramos una amena conversación, llena de anécdotas y de las cosas extrañas que hacen las personas que usan el servicio. Fue agradable charlar con él.

Solo 23 minutos duro el viaje, un viaje ameno y entretenido, antes de bajar sentí que necesitaba darle mi tarjeta, cosa también poco usual en mi, pues casi nunca llevo, pero ese día si. Le di las gracias y le pregunté su nombre, José, no recuerdo si algo más, lo que si recuerdo es su mirada, dulce y serena.

Hasta aquí todo es una simple historia, sin importancia. Lo sorprendente es lo que viene a continuación. El día de nochevieja recibí un mensaje totalmente inspirador, me deseaban ¡¡feliz año nuevo y que no cambiase nunca, que se había quedado atónito con la energía que desprendo!!. No sabía quién era, le pregunté y comenzamos un juego de adivinanzas. No lograba descubrir quién podía ser, hasta que me ofreció una última pista “nos conocemos solo 23 minutos, el domingo”, era José, el conductor del autobús!!!! Me alegre de conversar con él. Entre otras cosas me preguntó ¿cuál era el secreto de estar de buen rollo? Le respondí que “es fácil, mirar la vida con ojos de niño, disfrutando de cada encuentro, de cada mirada, de todo lo que la vida nos pone por delante, sacándole partido incluso a todo aquello que no nos gusta, ya que cada experiencia es un regalo”.

Y es verdad ¡¡todo es un regalo!!, lo digo de corazón, nunca sabemos con que nos sorprenderá la vida, ni a quien a puesto Dios en nuestro camino, ni para qué, pero lo que si sé es que las sincronicidades son los toques divinos que Dios nos da para recordarnos que jamás estamos solos. Prueba de ello es lo que he vivenciado esta mañana.

Me acosté y levanté triste, hoy no era capaz de ver la vida con ojos de niña, ni de sentir alegría, ni de apreciar nada, una pena apretaba mi cuello ahogándome, sin poder soltarla. Por no salir, no había salido ni el sol, que andaba jugando al escondite entre las nubes negras, nubes que no sueltan ni una sola gota de agua, al igual que yo. En el pequeño rato que dedico a meditar, a sentirme, le pedí a mi alma que me ayudase a encontrar la fuerza e inspiración para salir de ese estado de tristeza poco usual en  mi, pero tan intenso que me impedía casi respirar. Al terminar conecté el móvil y entró un mensaje… ¡¡¡sorpresa!!! era José, regalándome deseándome los buenos día y regalándome una frase “El bosque sería muy triste si solo cantarán los pájaros que mejor lo hacen”. Todas las nubes chocaron entre si y se desato la tormenta en mi pecho, fue el detonante que soltó mis lagrimas, despejaron las nubes e hizo que el sol volviese a brillar en mi corazón.

Durante un buen rato hemos conversado. Ha sido una charla con un maestro que va sentado en un autobús, llevando a las personas de un lugar a otro, con una sonrisa en el rostro, capaz de recordarme cual es mi misión en esta vida, él me ha inspirado a retomar esté blog, a volver a escribir y permitirme ser quién verdaderamente soy. Nunca sabemos quién va a ser nuestra motivación para volver a sonreír, hoy has sido tu mi ángel, mi inspiración. Gracias por existir, por ser el conductor que me ha llevado de la tristeza a la paz.

En cualquier lugar y a cualquier hora podemos encontrar a los maestros de  Dios. El mío se llama José y conduce el autobús que te lleva de la tristeza a la paz

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Comentarios en: "Dios manda a sus ángeles a tu encuentro" (3)

  1. Anónimo dijo:

    siento muchisima emocion al leer esta bonita historia, que Dios os bendiga a los dos. besos

  2. Anónimo dijo:

    Querida hermana mayor. Me sigue sorprendiendo tu capacidad de AMAR la vida incluso en los peores momentos. Sigue cantando para que yo pueda seguir aprendiendo. Gracias José.

  3. Gracias Senai, por compartirlo y por ser ese Ángel para tantos seres humanos, pa mi tambien ¡por supuesto! Te abrazo

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